¿Cuál es la moraleja de la Fabula El hombre y la culebra?

¿Cuál es la moraleja de la Fabula El hombre y la culebra?

Por qué el águila le quitó la bebida de la mano al campesino

Una serpiente había logrado sorprender a un águila y se había enredado en el cuello de ésta. El Águila no pudo alcanzar a la Serpiente, ni con el pico ni con las garras. Se elevó hacia el cielo tratando de librarse de su enemigo. Pero el agarre de la serpiente se hizo más fuerte, y poco a poco el águila se hundió en la tierra, jadeando.

El campesino continuó su camino hacia su casa. Como tenía sed, llenó su cuerno en un manantial y se dispuso a beber. De repente, se oyó un gran despliegue de alas. El águila, que bajó a toda velocidad, arrebató el cuerno envenenado de las manos de su salvador y voló con él para esconderlo donde nunca pudiera ser encontrado.

Una serpiente y un águila luchaban entre sí en un conflicto mortal. La serpiente llevaba ventaja y estaba a punto de estrangular al ave. Un campesino los vio y, corriendo, soltó la bobina de la serpiente y dejó libre al águila. La Serpiente, irritada por la huida de su presa, inyectó su veneno en el cuerno de beber del campesino. El campesino, ignorante del peligro que corría, estaba a punto de beber, cuando el Águila le golpeó la mano con su ala y, agarrando el cuerno para beber en sus garras, lo llevó a lo alto.

La historia de la serpiente y el águila

El hombre y el león (disputando) es una de las Fábulas de Esopo y lleva el número 284 en el Índice Perry[1] Un título alternativo es El león y la estatua. La moraleja del cuento es que hay que examinar la fuente de las pruebas antes de aceptarlas.

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Un hombre y un león pasean en compañía y discuten sobre cuál de los dos es superior. El hombre señala como prueba la estatua de un león sometido por un hombre. En la versión griega, el león replica que si los leones pudieran esculpir, se mostrarían como vencedores, sacando la moraleja de que la honestidad supera a la jactancia[2].

El comentarista Francisco Rodríguez Adrados sitúa la fábula entre los diálogos en los que se refuta lógicamente la jactancia[3] y cita como paralelismo un relato preesópico en el que un zorro y un mono realizan un viaje similar. El mono señala las tumbas de los humanos como las de sus antepasados y el zorro le replica que le resulta fácil mentir sobre los que no pueden contradecir[4]. Adrados cita a continuación como otro paralelo el comentario escéptico de Jenófanes de que “si los bueyes y los caballos o los leones tuvieran manos, y pudieran pintar con sus manos, y producir obras de arte como los hombres, los caballos pintarían las formas de los dioses como los caballos, y los bueyes como los bueyes, y harían sus cuerpos a imagen y semejanza de sus diversas clases”[5].

La serpiente y la moral del águila

Poética hoy reúne a especialistas de todo el mundo preocupados por el desarrollo de enfoques sistemáticos para el estudio de la literatura (por ejemplo, la semiótica y la narratología) y por la aplicación de dichos enfoques a la interpretación de las obras literarias. Poética hoy presenta una notable diversidad de metodologías y examina una amplia gama de temas literarios y críticos.

Resumen: Este ensayo aborda la compleja relación entre la literatura y la ética. Más concretamente, indaga y problematiza las formas conceptuales en que se han mantenido distinciones discursivas como la que existe entre la literatura y la filosofía moral, así como los supuestos y presupuestos que subyacen a la atribución a la literatura de un papel éticamente ejemplar. Aceptando los desafíos metodológicos y conceptuales que presentan algunas de las principales posiciones filosóficas y teóricas que informan la percepción de la literatura como ejemplaridad ética (desde Aristóteles hasta Jakobson y Derrida), este ensayo sugiere un nuevo marco teórico para pensar en la imbricación de la literatura y la ética, basándose especialmente en las obras de Bajtín y MacIntyre.

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Hace años, había un pequeño pueblo junto a un hermoso río. Los habitantes de esta aldea eran en su mayoría gente pobre que cultivaba en tierras ajenas o en las que cada uno tenía. Entre ellos había un hombre que era más rico que los demás. Tenía más tierras que los demás, diez vacas, doce ovejas y un pequeño huerto. Tenía una esposa cariñosa y tres hijos que lo cuidaban.

Pero siempre estaba preocupado por su hijo menor, que resultaba ser más travieso que sus hermanos y siempre estaba lleno de travesuras. Este niño parecía estar lleno de una fuente inagotable de energía y siempre estaba fuera de casa, vagando por el campo, saltando a los estanques y escalando colinas y montañas, fuera cual fuera la hora.

Pero la desgracia se cebó un día, cuando el niño pisó por error la cola de una serpiente durante una de sus aventuras. La furiosa serpiente siseó y le mordió el pie. El niño volvió cojeando a sus padres, llorando de dolor. Pero sus indefensos familiares no pudieron hacer nada para salvar al pobre chico, pues el veneno letal lo mató en pocos minutos. Sin embargo, el niño informó a su padre del paradero de la serpiente y de cómo había sido mordido antes de dar su último aliento.

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